Activistas de la Flotilla para Gaza denuncian un presunto abuso "cruel" y "sádico"
"Cruel, sádico e inhumano" son las palabras empleadas por uno de los seis activistas propalestinos con los que habló la AFP para describir los abusos que afirman haber sufrido durante la interceptación por las autoridades israelíes de una Flotilla para Gaza.
Las condenas internacionales se han multiplicado desde mayo por el trato dispensado a 430 activistas.
Francia e Italia han abierto investigaciones judiciales por tortura y crímenes de guerra para intentar determinar las responsabilidades. Australia también investigará los hechos. Las autoridades israelíes rechazan estas acusaciones.
Meriem Hadjal, Noé Tissot y Malika Baouya se encontraban en la misma embarcación, el "Peluxo", un velero cargado con material escolar, leche infantil y medicamentos, cuando fue interceptado por una lancha rápida israelí en aguas internacionales.
Según los activistas, la violencia alcanzó su punto máximo cuando fueron reunidos en en lo que denominaron el "barco prisión".
Para subir a bordo, "me agarraron del brazo y me levantaron con las manos atadas en la espalda. Grité de dolor; pensé que me habían arrancado el brazo", recuerda Malika, enfermera de Niza (sur de Francia). "Nos hacían caminar con la cabeza agachada y las manos sobre la nuca. Nos obligaban a tumbarnos en el suelo, sobre agua de mar estancada. Algunos hombres fueron electrocutados con pistolas táser", detalla.
Con la ropa imprescindible y una pulsera numerada, los activistas afirman que fueron conducidos esposados uno a uno hacia un contenedor sumido en la oscuridad.
- Golpeada brutalmente -
"Cuando se abre la puerta, veo a un compañero tendido en el suelo, con los pantalones bajados. Un soldado comienza a tocarme los pechos de forma sexual. Recibo una fuerte bofetada. Luego otra. Varios soldados intentan empujarme al fondo del contenedor. Tenía miedo de que me mataran", relata Meriem, de 38 años.
"Era una presa frente a depredadores. Un soldado me agarró del cabello, otro comenzó a golpearme. Uno me pasó la mano por los pechos y las nalgas a través de la camiseta", continúa.
Malika, que también pasó por ese contenedor oscuro, recuerda que un "compañero en el suelo estaba siendo golpeado".
"Lo escuchaba gemir; era horrible. Tres hombres encapuchados se lanzaron sobre mí y me dieron una paliza", explica. Ya en el suelo, asegura que no podía respirar; un soldado la levantó tirándole del moño y otro intentó arrancarle la ropa interior.
Consultado por la AFP, el ejército israelí "rechaza las acusaciones de abusos presuntamente cometidos por soldados" y asegura velar por un "trato respetuoso y apropiado" hacia los participantes de las flotillas interceptadas hasta su entrega a la policía en tierra.
Entrevistada por la AFP en Melbourne (Australia), la activista Violet Coco afirma que varios soldados la "golpearon brutalmente".
"Me pegaron varias veces en la cabeza. Recuerdo que se reían porque yo no respondía", relata. "Después me dieron patadas; intenté protegerme. Me lesioné una mano. Me golpeé contra la pared del contenedor y eso les hizo reír todavía más. Me agarraron las partes íntimas y terminé con moretones en el pecho y en otras partes del cuerpo", cuenta.
- Indignación -
Cuando la compuerta volvía a abrirse, los activistas eran encerrados en un espacio rectangular sobre la cubierta del barco, donde permanecieron retenidos durante varios días, rodeados por contenedores coronados con alambre de púas. Se vio en un video difundido por el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, que provocó una fuerte polémica.
"Me encontré en ese patio frente a un centenar de compañeros con el rostro ensangrentado", cuenta Malika, que sufre una fractura cervical.
"Vi a una compañera salir del contenedor de tortura con el rostro hinchado y en estado de shock; a otro con la camiseta rasgada y cubierto de hematomas antes de desplomarse en el suelo", añade Meriem, quien sufrió una lesión en un pie.
Los franceses describen gritos, soldados que los apuntaban con granadas aturdidoras o balas de goma, la falta de agua, higiene y alimentos, y el agua de mar que se filtraba por todas partes. También afirman que durmieron directamente sobre el metal helado y la madera de los contenedores.
Posteriormente fueron desembarcados en Israel y trasladados a la prisión de Ktziot, en el sur del país. Allí, aseguran haber sufrido nuevos malos tratos y humillaciones. En mayo, el Servicio Penitenciario de Israel rechazó esas acusaciones.
- Golpes con culatas -
"Nos hacían avanzar en fila india mientras nos insultaban, imitaban sonidos de animales y nos golpeaban con las culatas de sus armas" al llegar cerca del puerto, declaró Noé Tissot, de 32 años, a los investigadores de la Oficina Central de Lucha contra los Crímenes contra la Humanidad de Francia.
En una tienda de campaña, "un soldado me propinó un puñetazo enorme en la cabeza y las costillas", detalló. Como consecuencia, sufrió una costilla fisurada.
De regreso en Bochum (Alemania), el trabajador social Johannes Happel, de 29 años, contó a la AFP que le "golpearon la cabeza contra un poste". "Vi a un amigo ser apaleado a puñetazos y arrojado varias veces al suelo".
"Cruel, sádico e inhumano son los adjetivos que me vienen a la mente para describir todo lo que vi allí", añade.
"Hubo costillas rotas, pómulos fracturados y (...) agresiones sexuales", resume otra activista australiana, Neve O'Connor, participante en varias flotillas.
"Lo que vivimos nosotros, protegidos por nuestros pasaportes, no es más que un anticipo de lo que viven los prisioneros palestinos", subraya Meriem Hadjal, quien considera su testimonio como "un arma" y cree que algunos de los soldados o policías implicados eran francoisraelíes.
"Si hablamos, no es por nosotros, es por los palestinos", añade Malika Baouya, que se prepara para declarar también en el marco de la investigación abierta por la fiscalía antiterrorista francesa.
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S.Cardona--BT