La traumática huida de las llamas en España: "Iros a la iglesia y tocad las campanas"
"Iros a la iglesia y tocad las campanas para dar aviso a la gente" fue la instrucción que recibió Manoli Ramos del alcalde del pueblo español de Bédar, antes de huir a toda prisa del veloz incendio que mató a 12 personas en sus primeras horas.
"Entonces nos fuimos, le dimos a las campanas bastantes veces para que la gente se enterara. Y nos vinimos para abajo", para el pueblo de Los Gallardos.
Dos días después del inicio del fuego que ha quemado 6.000 hectáreas, esta mujer de 72 años, concejal de Bédar, vive con el miedo en el cuerpo y lejos de su casa, a la espera de la extinción de un incendio como nunca había visto uno.
Manoli Ramos y unas amigas están alojadas en Los Gallardos, el pueblo de la provincia andaluza de Almería cerca del que se iniciaron las llamas, según las primeras hipótesis, por un cable eléctrico que se cayó y prendió el matorral.
La mayoría de los 12 muertos son extranjeros, según las autoridades, que aún no detallaron las identidades.
Muchos foráneos, en particular británicos, eligen un pequeño oasis verde y montañoso en esta zona próxima a la costa para jubilarse o venir de vacaciones. Suelen vivir en casas aisladas y alejadas del pueblo, lo que posiblemente no facilitó recibir información ni escapar.
"Los extranjeros viven, digamos, diseminados por fuera del pueblo de Bédar. Tienen sus buenas casas y tienen sus cosas, les gusta vivir un poquito alejados del núcleo", constata Ramos, que conocía a una de las extranjeras fallecidas.
- "¡Hombre, ¿cómo no vas a pasar miedo?!" -
Hassan Oulghazzi, un marroquí de 52 años que lleva 16 viviendo en Bédar, no vio las llamas, pero sí el humo negro que empezó a sobrevolar su casa antes de que la policía aporreara la puerta para pedirle a él y su familia que se fueran.
"¡Hombre, ¿cómo no vas a pasar miedo?!", se rebela Oulghazzi cuando le preguntan si se asustó. "Cuando te tocan la puerta y te dicen, levántate, vale, vete de aquí, es real, tienes que irte".
Al mismo tiempo, le resta importancia al susto, en comparación con la suerte de las víctimas, a las que conocía en algunos casos.
"El miedo, todo el mundo lo tiene, pero siento lo de los fallecidos y los quemados, lo siento, de verdad. Hay algunos conocidos, amigos ingleses", afirma al salir con su mujer e hija del pabellón poliderportivo del pueblo costero de Garrucha, adonde ha venido a buscar algunas cosas de la Cruz Roja porque huyeron sin nada.
- "Cinco minutos después, ¡bang, bang, bang!" -
A sus 87 años, el inglés Austin Crilly ha visto de todo y ha sufrido de todo -"soy de la vieja escuela, lo que ocurre, ocurre"-, pero el jueves no fue un día cualquiera.
"Estaba viendo la tele y pensé: '¿Qué es eso? Se ha levantado el viento'. Así que abrí la puerta para echar un vistazo y vi una gran nube negra... bueno, pensé que era una nube".
"Cinco minutos después, ¡bang, bang, bang!", la policía. "'Coge tu dinero, coge tus tarjetas y sal de ahí'. Sí, tienes que irte", explica en el pabellón de Garrucha, donde lleva ya dos noches.
De este lugar salen con sus cosas el matrimonio Smith, Martin y Elizabeth, ingleses de Dorset. Él tiene que volver a su país, ella espera completar las vacaciones que pasaban en un camping de la zona.
"No fue nada bueno. Nunca había visto nada igual. Ya sabes, lo ves en las pelis, pero en la vida real no pasa", explica Martin.
Pese al mal trago, exhibe lealtad británica a sus vacaciones españolas y repetirá: "No se nos han quitado las ganas de venir a España".
C.Ibanez--BT