Cómo los drones cambiaron una ciudad rusa en cuatro años de guerra
Antes de partir al frente en Ucrania, Shaman presenta en un centro comercial de Vorónezh un dron, uno de los artefactos omnipresentes en el campo de batalla que ha cambiado el día a día de esta ciudad rusa.
Con la cara oculta tras un pasamontañas, el joven de 19 años promete a AFP "defender" a su país, que lanzó una ofensiva a gran escala contra su vecino hace casi cuatro años.
A unos 500 kilómetros al sur de Moscú, Vorónezh está más cerca de la línea del frente en el este de Ucrania que de la capital rusa.
Los frecuentes ataques con drones ucranianos en represalia y los anuncios de reclutamiento del ejército han cambiado la vida de esta ciudad de un millón de habitantes.
Antes de marcharse, Shaman -su nombre de guerra-, atiende un puesto del "Club Militar-Deportivo Cosaco Berkut" en el centro comercial.
- 'Tengo esperanza' -
Su objetivo "no es necesariamente" convencer a los adolescentes para que se alisten, declaró a la AFP.
"Cada uno elige su propio camino, según sus intereses", afirmó. Él se define como "patriota".
En los últimos cuatro años, esta palabra ha adquirido una carga política. Se utiliza para alabar a los soldados y a quienes apoyan abiertamente al presidente ruso Vladimir Putin y su ofensiva.
Incluso el aspecto de Vorónezh ha cambiado drásticamente desde febrero de 2022.
En las carreteras nevadas que conducen a los suburbios, los sistemas antiaéreos asoman detrás de las redes de camuflaje.
En el centro, hay murales en honor a los soldados muertos en el campo de batalla y carteles propagandísticos llaman a alistarse en el ejército.
Un centro de reclutamiento ofrece a los futuros soldados un pago único de 2,5 millones de rublos (32.500 dólares) si se alistan, lo que equivale a tres años del salario medio regional.
Estas sumas han permitido a Rusia mantener una ventaja en efectivos sobre Ucrania, a pesar de las enormes bajas.
El año pasado, 422.000 personas se alistaron en el ejército, según el expresidente y secretario adjunto del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev. Fue un 6% menos que en 2024.
A Liudmila, una mujer de 64 años con ojeras pronunciadas, solo hay una cosa que le importa: su hijo, desaparecido en combate desde hace cuatro meses.
"Es muy duro. Tengo esperanza, porque sin esperanza...", reconoce con los ojos llenos de lágrimas y sin poder terminar la frase. ¿Lo mataron? ¿Lo capturaron? Ella no lo sabe.
- 'Aterrador' -
Rusia no dice oficialmente cuántos combatientes ha perdido.
Siguiendo los obituarios locales y los anuncios de familiares, la BBC y el medio independiente Mediazona han identificado al menos a 168.000 soldados rusos muertos desde que Moscú lanzó su ofensiva.
Para mantenerse ocupada, Liudmila coopera como voluntaria en una organización que cose equipo de camuflaje para los soldados.
A pesar del dinero que ofrecen, Roman lo tiene claro: "No, no, por ninguna suma" se iría a la guerra.
Este conductor de tractor de 48 años se niega a dar su apellido como el resto de las personas con las que ha hablado AFP.
Acurrucado en una tienda de campaña en un río congelado, Roman quiere "relajarse", "desconectar" y "pensar en pescar" para escapar del miedo a los ataques de drones ucranianos.
"Me despierto más a menudo por las explosiones", dice. "Tenemos sirenas y explosiones todos los días. Por supuesto que es aterrador", cuenta.
Moscú ha bombardeado a diario Ucrania durante meses. La última ola paralizó el sistema energético de Kiev, dejando a cientos de miles de personas sin calefacción bajo temperaturas glaciales.
En represalia, el ejército ucraniano ha disparado drones contra Rusia. Apunta principalmente a la infraestructura portuaria y energética. El mes pasado una persona murió en un ataque en Vorónezh.
- Calle de la Paz -
La región de Vorónezh, que rodea la ciudad y limita con una parte de Ucrania conquistada por Moscú, es una de las "más frecuentemente" atacadas desde el aire, afirmó el mes pasado la comisionada rusa para los derechos humanos, Tatiana Moskalkova.
En medio de la plétora de carteles del ejército, hay letreros más pequeños que indican que no todos comparten el fervor patriótico a favor de la guerra.
Después de que Rusia lanzara su ofensiva, el artista Mijaíl colocó pequeñas placas de cerámica en edificios y muros con llamamientos a la paz.
Se parecen a las placas de la era soviética que llevaban escritos mensajes como "Paz" o "Amistad". Era parte de la propaganda de la época.
"Quería recordar a la gente la narrativa de nuestras abuelas, abuelos y bisabuelos, quienes a lo largo de mi infancia decían que la guerra es aterradora", explica a AFP este joven de 28 años, conocido por el apodo de Noi.
Pero Rusia prohíbe el activismo antibélico y sus placas han sido retiradas. Excepto una, colocada en la calle de la Paz de Vorónezh.
Y.Londono--BT